0 / Preámbulo.

 

-1El Cubo - plano

El códice de que se sacó la copia que antecede, existe en la biblioteca del monasterio de Santa María de la Real órden del Cister, situado media legua de Palma, capital de Mallorca, en un tomo en folio, encuadernado en pergamino, y marcado al dorso E. 22. III. No se sabe de donde ni cuando vino á poder del monasterio tan precioso libro, aunque por las señas que de él se darán, parece que perteneció a personas particulares hasta la entrada del último siglo…“

Quien narra es Gaspar Melchor de Jovellanos, que encontró este manuscrito en el monasterio del que hace mención, donde estuvo preso por Godoy durante algunos de los ocho años que pasó en tal circunstancia en Mallorca.

Sigue Jovellanos en el preámbulo de la copia: …Leyendo yo uno de los apuntamientos que dejó a su muerte (el doctor Don Antonio Raimundo Pascual, monje del monasterio) tropecé con estas palabras: “Tengo un manuscrito de la figura cúbica del célebre Juan de Herrera, arquitecto, muy querido del señor rey don Felipe II, y en todo él procede por el arte luliana”.

Para asegurarse Jovellanos de sí se trataba o no de la letra de don Juan de Herrera la que aparecía en el escrito, pidió a Ceán Bermúdez que tratara de cotejar con alguna del autor conocida por original y que estuviera en Madrid o en el sitio de El Escorial. Dio fe el primero y de este cotejo puso una nota en el original dándola por de la mano del arquitecto. Hizo Jovellanos, obtenidos los permisos del monasterio, una copia que es la que años después pasó a publicarse.

Consta el códice de setenta y ocho fojas solamente. En la primera , que sirve de frontispicio, hay título: “Discurso del señor Juan de Herrera, aposentador mayor de su Majestad, sobre figura cúbica.”

No es fácil la lectura del texto de Herrera que publicó la tristemente desaparecida Biblioteca de Visionarios, Heterodoxos y Marginados el año 1976. Tampoco está colección ha quedado en el presente  y los pocos tomos que viven en mi biblioteca se guardan con reverencia. No es fácil la lectura y menos si quien la acomete no está hecho a los laberintos de palabra y pensamiento de Lulio, o Llull, ya un tanto alejados del espíritu  que alumbrará a partir del Renacimiento la cultura en Europa.  Es tiempo ese en el que el mallorquín va cayendo en el olvido para lo general, pero no para un grupo de eruditos que a caballo de lo que viene y de lo que se va, tratan de descifrar verdades muy en la oscuridad de si mismas. Todavía la Alquimia está muy presente y la Química como tal no ha nacido.

Durante muchos años viví en la vecindad del Monasterio, de la Villa o  del Lugar y por las breñas de Guadarrama anduve entre las peñas de granito, los pinares y los robledos, aquejados de la sana enfermedad de la modernidad en lo que a encerrarlo entre urbanizaciones y visitantes se refiere. En el Monasterio, de fácil y no muy reglamentada visita en aquel tiempo, pasé horas dejándome abducir por la fábrica de piedra, por el museo de pintura, por los pasillos y escaleras, por el palacio de los Austrias, y menos encantador pero tan histórico todavía por el de los Borbones. Igual las lonjas exteriores, el Jardín de los Evangelistas, los jardines del rey y de la reina o de los frailes, los espacios al aire enredados con la cuadrícula racional y geométrica de la traza y la biblioteca. Pero sobre todo la piedra, la masa de granito que a fuer de abundante y monumental se muestra sólida y ligera, posada y volátil, y por encima de todo apunte que pueda hacerse, serena. Ahora la visita se hace por orden de itinerario y siempre tiene uno la idea de perder algo en el recorrido, dejado por la memoria o  la atención.

En la bóveda del coro durante una de mis primeras visitas me detuve, de pasada, en el enorme fresco de la Trinidad y en su centro, a los pies de la misma, como si de un reposa pies se tratará, un cubo dorado se muestra iluminado, de transparencia evidente por el que la luz trasluce, en el que Padre e Hijo se apoyan. Es toda esa pintura un álbum de personajes de un empeño enorme, de la mano de un pintor pequeño, el Luqueto, por buen nombre Lucas Cambiaso. Esta pintura puede verse en cualquier volumen de la abundantísima edición de obras del Lugar. Ahí está el Cubo, en lo alto, a una distancia que causa vértigo e incomoda mantener la cabeza  echada atrás, forzada la posición hasta el mareo. No presté mayor atención ni a la figura geométrica ni al fresco salvo para admirar la espectacular dimensión y el esforzado trabajo: son cientos las figuras que allí se retratan, todas reconocibles.  Es de común consenso considerar que siendo enorme la tarea realizada por Cambiaso, el arte en las figuras no es exquisito y están hechas muy de corrido. Después de todo, trabajó quince meses en esta bóveda que tan alejada de la vista se muestra y según dicen el esfuerzo entre sombras y humedad del yeso y la pintura, dañaron su salud de manera inmediata e irremediable. Cambiaso no era Miguel Angel, pero de su mano ha salido obra infinitamente mejor que esta que nos ocupa.

Cayó en la mía, muy después, un libro de imágenes publicado por Nerea en 1995:  Dibujos italianos para El Escorial. En el, página 23, se reproduce un boceto apunte de la mano de Cambiaso, titulado La Gloria del Paraiso, que se conserva en el Musée des Beaux-Arts de Dijon. Me llamó la atención el que en este anterior a la pintura definitiva de la bóveda, el cubo no aparece y en su lugar un anillo de nubes algodonosas sobre las que reposan los pies del Padre y el Hijo son lo que parece primera intención del artista.

Busqué en el Siguenza, primera edición de 1605 un texto descriptivo de la pintura, y cotejé los resultados con  la edición de Aguilar de 1963 y y con una reducción anterior del texto publicado en 1881, arreglada por D. Miguel Sánchez y Pinillos. En las tres ediciones el texto es el mismo y en él  no se menciona el cubo.

En 1992, de René Taylor, ediciones Siruela  publica un  libro titulado Arquitectura y Magia. El sustantivo Magia hay que tomarlo dentro de un contexto renacentista,no dejemos volar la imaginación a esoterismos fuera de lugar. Taylor dedica una gran parte de su libro al cubo de El Escorial y al grupo de eruditos presentes en el tiempo y en la obra del Monasterio. Rastrea cuanto puede en Villalpando, Prado, Arias Montano, Herrera, Juan Bautista de Toledo y más, muchos más y en el mismo rey Felipe que pide se le busquen y suministren las obras de Llulll, por las que muestra curiosidad, afición e interés, sin declararse de ellas o por ellas, como hicieran lo mismo todos los demás, pero si mostrando su interés. Aritmética, Geometría, Astrología, Alquimia, Física y Arquitectura,  parecen esconderse o mostrarse según sea para quien o para que, detrás del Llibre de les maravilles del mallorquín.

María Calí, en su espléndido “De Miguel Angel a El Escorial”, Akal 1994, cita: … en El Escorial se crea un tipo de cultura de carácter esencialmente erudito y esotérico, que asimila las componentes heterodoxas de la tradición religiosa y las transforma en un lenguaje culto y despersonalizado, privado de la fuerte carga pasional que caracterizó a los alumbrados y a Erasmo”. Y más adelante: citando a Taylor escribe: … ha acertado (por este) al observar que la figura cúbica, que es argumento principal del tratado de Herrera, aparece en el centro del fresco de Cambiaso que representa “La Gloria” en el coro de San Lorenzo de El Escorial”. Ella es la primera que mezcla el posterior escrito de Herrera, que había sido nombrado Presidente de la Academia de Aritmética y Geometría por el rey Felipe, con el cubo de Cambiaso, y su aparición que yo imagino como de tapadillo, en la bóveda del coro.

Cornelia von der Osten Sachen, autora desaparecida muy prematuramente, en su magnífico y necesario Estudio Iconológico de El Escorial, Xarait Ediciones, 1984,  si cita al cubo, pero refiriéndolo al cubo áureo de Platón, lo que para mi es un enmascarimiento de la realidad, más cercana a lo luliano que al ideal del filósofo griego. Conviene no olvidar que la Inquisición, por años o períodos más o menos activa, no simpatiza con alquimias y perturbaciones de tal cariz, y que el grupo que rodea al rey Felipe, no está a salvo de sospechas si a esas dieren lugar sus actividades.

Ahí están el cubo en su boveda y el libro de Herrera olvidado en bibliotecas. Cual fuera quien ordenara pintar al Luqueto ese Cubo a los pies de la Trinidad, cual fuera la intención de tal decisión, que contrariaba el diseño original del pintor, se escapa a la historia del hecho, que se ha perdido. Intención hubo y Juan de Herrera, arquitecto, aritmético y dado a la geometría además de lector de Lulio, de tomar la decisión no lo haría, esto es bien seguro, a espaldas del rey. Si no era ocurrencia regia incorporar el objeto, si lo sería la aceptación. Que Herrera escribiera una obrita de difícil lectura dedicada a las virtudes del cubo da fe de su interés e intención. Ese manuscrito  del arquitecto bebe de las fuentes de Lulio, pero va por libre y en él se vislumbra la fascinación por la figura exacta y equilibrada, la única perfecta en su estabilidad y en sus proyecciones: el cubo. El universo como geometría, debía pensar el arquitecto, y para nosotros, mirar la fábrica del Monasterio meditándola, nos permite llegar a esa afirmación. Sin tener mayor importancia, o aún teniéndola, el hecho permanece en párrafos sueltos y yo llegué a él por capricho de un buen amigo que me regaló el Taylor conociendo mi interés por El Escorial.

Caí hace ya un tiempo en la tentación de meter al Monasterio en el Cubo a sabiendas que el primero es de una factura perfecta y el segundo suma toda la perfección humana, tal y como Herrera la entiende. Me puse a ello con la intención festiva de enfrentar lo sencillo con una mirada simple. Piedra de granito de la sierra cercana, el agua rumorosa que recorre el Jardín de los Frailes y los parterres del mismo, dispuestos en geometría cuya intención es serenar el ánimo bajo el fresco y tranquilo aire serrano.

Pocas veces me he sentido tan feliz, al fotografiar, como en los pocos días que duró este trabajo.

Luis Rivera

Ir a las galería: : 

I / La Piedra con la Piedra

II / La Piedra con el Agua

III / La Piedra en el Jardín.

 

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