Oficio de mirar. II

1   -   atardece en BEl plano general que muestra una esquina de Barcelona se cierra. La cámara, los ojos, la apatía concentrada en mirar a través del cristal del balcón. La luz otoñal. Ya he hablado de ella. De tanto ver este recuadro de asfalto y plataneros se acaba amándolo. El zumbido de la vida llega amortiguado por el climalit doble que nos aísla de ella, la llamamos ruido. ¿Qué es una vida silenciosa? ¿Cual es el silencio de ella?  Fluye un tráfico de sábado por la tarde y la cámara se mantiene unida al ojo esperando que cruce la moto hasta el plano final. Ya hay bastante. Esto no es sino una secuencia. Alguien me preguntó si esa secuencia era de la vida de una esquina. No, desde luego que no. La secuencia es de la vida de quien está fotografiando. La película es otra, siempre es otra.

El Oficio de mirar – I

-1Oficio de mirar - ISi quieres ir a la galería, chica en la fotografía.

Hector, en la cocina, prepara una cena de bienvenida para mi y Ariadna trastea preparando la habitación de invitados; para cenar esperaremos a Marián y David con Rita; Lucía aún no habrá nacido. La tarde se prolonga más allá de la glorieta, la luz declina, han puesto música pero no se si es en este piso o en uno vecino. Todo es un tempo lento. Siempre, lo que se dice siempre porque no recuerdo cuando lo oí por primera vez, he amado El Trío del Archiduque, y en este momento más que nunca. También amo esta luz de Barcelona, atardece en otoño, vaya donde vaya sentiré nostalgia de ella, es como un baño de hermosa melancolía, mientras la niña corre tras las pompas de jabón. No puede ser, pienso al ver de nuevo estas fotografías, todo es tan intemporal, todo esto pasó ya y está pasando…

El Bosque del druida

1 - Piedra del altar

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El bosque se cierra en la penumbra de la imaginación. Caminar es silencio. Silencio es lo que no se percibe. Caminar es pisar el paisaje pisado por los otros, quienes quiera que sean. En este bosque me encontré con Horacio y hablé con él de la eternidad y de la gloria, o habló él mientras yo escuchaba. Un dios menor acudió a mi encuentro y durante un tiempo suficiente me acompañó por veredas que él conocía. Lo habían olvidado los romanos cuando pasaron por aquí. Triste historia la del dios menor. Una tarde de otoño me encontré en el campo de batalla cercano a un claro del bosque consagrado por los druidas de un tiempo remoto. En este bosque mi perrillo Goyerri, mi mejor amigo, habló con el dios menor de cosas de ellos que yo no escuché. Lo que se piensa existe, basta con pensar. Lo que se imagina existe y vive.  Cuando vuelvo al bosque pregunto en vano por el camino que me lleva al ara votiva y sagrada. Nadie me guía, nadie me contesta.  Hay otros mundos dijo Eluard, pero están en este. Es bien cierto que en este, solamente en este, caben tantos y tantos… Pronto me despediré del bosque, será difícil volver a él, y la verdad, no creas que no lo voy a sentir.

La Almadraba

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Lo que se necesita es sol, agua y tierra y el rastro del hombre se manifestará en el borde del Mediterráneo, endurecido como una terracota. Añadamos la luz vertical del mediodía y convoquemos a los dioses griegos. Un vermut negro con una rodaja de limón y una melodía metida en la cabeza: “devo tornare a casa mía” cantaba Mina. ¿Porqué no se me ha olvidado nunca?

2012 / El jardín en invierno

 

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El frío nunca es bienvenido por mucho agrado que pongamos en la espera. Porque sorprende. Se le ve llegar mirando detrás de los cristales, anterior a las nieves, y el paisaje se encierra en si mismo, se ensimisma, parece languidecer y de repente sabemos que es la muerte de múltiples cosas, desfallecer al fin. Miles de paisajes mínimos rompen la unicidad del gran paisaje al que estamos acostumbrados: cualquier rincón es en si mismo una tristeza.

Sombra de Él

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El tiempo es 1 minuto: 60 segundos. El primer clic en el inicio de la cuenta, 30 segundos después otro, y tras otros 30 el último. La brisa entrando por el balcón abierto al oeste mueve la tela, a veces más, otras apenas es perceptible el movimiento. La prenda ha tomado la figura del cuerpo del amo y se adorna de su personalidad abandonada entre las mangas, la espalda, las solapas, los bolsillos. Olvidada bajo un viejo colchón, entre los pedazos de una vieja manta, enredadas con algunas camisas vuelve a la luz. Seres de un día…

Costa Desolación

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Ver no es diseccionar, es interpretar, y Costa Desolación resulta de una mirada cargada desde la imaginación propia con la más pura de las fantasías leídas: las costas peligrosas de la piratería. En una costa mediterránea abandonada en la negación, sin elementos referenciales a la belleza del paisaje, o a su interpretación trágica, imaginé una orilla atormentada y terrible perteneciente a una narración de aventuras sórdidas. Mientras fotografié tenía in mente La Isla del tesoro, admirada desde la infancia. Ahora pienso también en Salgari, y en la piratería moderna del Índico.

Es lo que tiene la fotografía.