El plá pais

img-21Clica en la fotografía para ver la serie completa (16 fotografías)

En los 70 Brel cantaba una balada llamada “Le plat pays”. Era un hermoso canto de amor a una tierra suya, descrita con suaves palabras que sonaban a murmullo excusatorio por tanto afecto, música de cadencias humildes silenciosas es todavía. Tuve siempre por cierto que la música verdadera es silenciosa, sin que me importe cuan sonora sea la sinfonía o sutil la balada. La fotografía también es silenciosa, y mucho. Yo aspiro a que la mía lo sea.

En la desembocadura del Ebro, río potente de pulsión auricular, silencioso también, se extiende una tierra mínima, fruto del aluvión de aquel, construida capa a capa por la corriente fluvial, trabajada centímetro a centímetro por por el duro trabajo, extendida como una balsa amarrada a un litoral limitado por montañas: es “El Delta del Ebro”. Estando en ella y fotografiando en silencio su silencio, me vino a la cabeza la canción de  Brel y recordé su música que musité mientras recorría durante horas los caminos polvorientos, los arrozales anegados, los campos en barbecho y centrados todos mis sentidos sobre la vista inacabable de este “pla país” que sin serlo, sólo por habitarlo con mi cámara a cuestas, es el mío también.

Una estrofa de Brel explica mejor lo que no acierto a decir de aquellas horas.

Avec un ciel si bas qu’un canal s’est perdu
Avec un ciel si bas qu’il fait l’humilité
Avec un ciel si gris qu’un canal s’est pendu
Avec un ciel si gris qu’il faut lui pardonner
Avec le vent du nord qui vient s’écarteler
Avec le vent du nord écoutez-le craquer
Le plat pays qui est le mien

Murder

Clica en la foto para ver la serie “Murder”

Murder  es la tragedia de una muñeca condenada desde su inicio a ser la víctima; rota, destrozada, hecha pedazos y finalmente abandonada en cualquier paisaje. Es también la historia del suicidio de una humanidad que en su larguísima historia ha entendido al poder de una parte sobre la otra, como la simple realidad de la naturaleza. Es la noticia diaria en las pantallas de los televisores o en las portadas de los periódicos. Es la compasión soterrada por aquellos que sufren más, lo que nos hace menos dolientes de lo nuestro. Es un grito airado y una legítima desconfianza. No hay senderos seguros, ni luces salvadoras; ninguna oración sirve sino el “no” al que debieran aspirar todos los que no están dispuestos a conllevarlo, pensando que el progreso va a favor de las víctimas. Es la larguísima cuenta de la injusticia más terrible: el secuestro de la confianza de quien nos acompaña. Es una historia de cada uno que duele como una herida a todos. Es un crimen.